Viajar a Australia, algo más que un viaje

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Cuando se habla de viajar a Australia, estamos ante uno de los viajes más lejanos que se pueden hacer desde España. Demanda una gran planificación y hace que sea necesario enfrentarse a paisajes, ritmos y formas de vida que, para nosotros, solo es posible ver en las películas y en los documentales.

El primer impacto: distancia y cambio de ritmo

Australia queda todavía lejana en pleno siglo XXI. Todo ello significa vuelos muy largos, cambios de huso horario de gran importancia y una sensación bastante clara de encontrarse en otro sitio desde que se aterriza.

Para bastantes personas, como nos confirman desde la agencia de viajes especializada de Viajar al Pacífico, este viaje se puede decir que es la excusa perfecta para desacelerar: deben dejarse unos días a margen al llegar, aceptando las siestas raras y los despertares a horas poco habituales, puesto que se tiene que adaptar el cuerpo al nuevo reloj.

Este cambio de ritmo se nota mucho en el estilo de vida. Pese a que las grandes ciudades tienen el mismo ritmo que cualquier tipo de metrópolis, la cultura australiana da un gran valor al deporte, al aire libre y a las actividades próximas al mar.

Es fácil ver a la gente corriendo por la mañana temprano, paseando al perro en playas urbanas o quedando para hacer barbacoas en parques públicos.

Ciudades que miran al mar

Las puertas de entrada acostumbran a ser Sídney, Melbourne, Perth o Brisbane. Cada una de ellas cuenta con su carácter, pero sí que es cierto que comparten algo: un vínculo fuerte con el agua.

  • La ciudad de Sídney combina los modernos rascacielos y la bahía, con la silueta del Opera House y el Harbour Bridge como fondo de bastantes fotos. Más allá de los tópicos, la ciudad ofrece barrios con su propia personalidad, mercados y cafeterías en los que el café se toma bastante en serio y una variada oferta gastronómica que ya es parte del día a día de la gente, no solamente del turismo.
  • Melbourne se presenta como algo más bohemio. En ella se pueden ver los callejones con arte urbano, una gran escena cultural y una mezcla cultural que se puede reflejar en su rica oferta gastronómica. Existen personas que la viven como una ciudad por la que pasear sin rumbo, dejándose llevar por los cafés, exposiciones, librerías y locales de toda clase.
  • Brisbane y Perth son más tranquilas en apariencia, apoyándose en el río y el océano, con unas zonas de paseo bastante cuidadas y parques que van a invitar a estar fuera de casa.

Encuentro con la naturaleza: más allá de las postales

Estamos ante uno de los grandes motivos para viajar a Australia; está, sin lugar a dudas, la naturaleza. Justo aquí es donde la cultura del ocio se mezcla bastante con el entorno; no es solo ver cosas, también es vivirlas. Una de las grandes razones para viajar a Australia es su naturaleza. Aquí, la cultura del ocio se mezcla mucho con el entorno: no se trata solo de “ver cosas”, sino de vivirlas.

Uno de los destinos que más se mencionan es La Gran Barrera de Coral; es de los que más se recomiendan. Además de la foto con la máscara y el tubo, son muchos los viajeros que descubren la fragilidad de dicho ecosistema, por lo que las conversaciones sobre el deterioro y la necesidad de poder practicar un turismo respetuoso: elegir operadores que cuiden los arrecifes, evitando tocar corales o fauna, así como conectar con la idea de que dicho lugar no es una piscina gigante, sino un organismo vivo.

En el interior, destacan sus zonas áridas y el famoso “outback”, que nos ofrece otra experiencia: en ella son habituales los horizontes amplios, así como cielos de un azul profundo y noches que hacen recuperar el brillo de las estrellas.

El hecho de visitar sitios como Uluru (Ayers Rock) implica que se pueda aproximar a la dimensión, en lo espiritual y cultural, que tiene para los pueblos aborígenes y salir del enfoque puramente fotográfico.

Los parques nacionales, zonas de montaña y rutas costeras dan pie a acampadas, caminatas y excursiones en las que el ocio se mezcla con la conciencia ambiental. Existen normas claras sobre fuego, residuos o interacción con animales y respeto de senderos.

Cultura aborigen: una presencia que merece atención

Hay que tener en cuenta que en Australia no estamos solo ante una historia moderna de colonos británicos y de ciudades cosmopolitas; es también un hogar de culturas aborígenes con miles de años de recorrido. El hecho de viajar ofrece la oportunidad de aproximarse a dicha realidad.

En bastantes sitios, se organizan visitas guiadas con miembros de comunidades aborígenes, en las que se explican símbolos, relatos y formas de comprender el paisaje y técnicas tradicionales de recolección y caza.

Hay que tomarse el tiempo necesario para escuchar dichas historias, más allá de la breve explicación turística, que ayuda a conectar con la idea de que Australia es un país con capas: lo que se ve actualmente en sus urbes es algo que se superpone a una historia bastante más larga, estando presente en la forma en la que bastantes personas viven y reivindican su cultura.

Vida cotidiana y gente: el lado humano del viaje

Lo que tiene más interés de viajar a Australia es el contacto con quienes viven allí. Más allá de los tópicos, muchos viajeros se llevan unas impresiones sencillas: Una manera muy relajada de relacionarse en contextos que son informales: saludos en el parque o conversaciones espontáneas en las cafeterías.

Estamos ante un país que tiene descendientes europeos, comunidades asiáticas y personas de distintos lugares de Oceanía y, como es lógico, población aborigen.

La comida es también un gran reflejo de esa diversidad: se encuentra desde cocina mediterránea hasta la asiática, pasando por reinterpretaciones contemporáneas de las recetas locales. Probar platos de productos australianos como el marisco, la carne o la fruta en versiones actuales ya es parte del ocio del viaje.

Deseamos haber dado unas buenas ideas sobre todo lo que os espera si os animáis a descubrir Australia, un país con mucho para ofrecer al visitante.

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