Alegría, ritmo, sentimiento… y salud. Eso es la música. Nadie puede negar haber sentido emoción al escuchar una canción o una simple melodía. Además del ritmo metiéndose en el cuerpo cuando la música es más movidita. En más de una ocasión, todos nos hemos puesto a bailar, algunos solo moviendo ligeramente el cuerpo, como si no se notara, pero la música, hace que nos movamos. El sentimiento, la emoción y todo aquello que la música implica, surge de los estímulos que la misma, provoca en el estado de ánimo. Ya lo dijo Beethoven: “la música, es la mediadora entre el mundo espiritual y los sentidos”. No iba mal encaminado.
Aunque lo más probable es que no nos hayamos planteado la pregunta, sobre porque se canta a los bebés cuando lloran. La respuesta es más que obvia, con las nanas, siempre se ha tranquilizado a los bebés, desde tiempos muy remotos. Como sabemos, porque nos lo han contando en las clases de historia, la música, se utiliza como herramienta terapéutica desde tiempos inmemoriales, hechiceros y brujas, rituales de todo tipo, curanderos… recurrían a sus cantos.
Por lo que no es de extrañar que en la actualidad y, desde hace ya unos cuantos años, la música se considere como una terapia en sí. La musicoterapia es la forma en la que la música se utiliza como terapia. Algo que todos hemos hecho en nuestra intimidad, escuchar música para pasar un duelo, una ruptura o una discusión o, simplemente por un estado de ánimo determinado. La música amansa a las fieras y estimula a los mansos. Es una realidad ineludible. Lo mejor de todo, suele funcionar sin ser una terapia insidiosa como la mayoría. Cuando lo hacemos por voluntad propia, exime de relacionarte con el resto, algo que, en determinados momentos, no apetece. Aunque en esta ocasión, vamos a hablar de la musicoterapia de verdad, no la aplicada a nivel personal.
Definiendo la musicoterapia
Para definir este concepto, acudimos a los profesionales, desde Somarmonía Musicoterapia, donde la música es terapia para todos, con independencia de la edad o el problema, nos definen su función, como el uso de la música y todos los elementos que la componen, dentro de un contexto terapéutico. El objetivo no es otro que el de mejorar la salud mental y emocional de las personas que recurren a este tipo de terapia. Además de que supone mejoras a nivel físico, al mismo tiempo.
Este tipo de terapia no trata únicamente de ponerse un disco, escuchar música y todo listo. Es algo que va más allá, en la terapia, es frecuente utilizar instrumentos por parte de los pacientes. De manera que, en una sesión de musicoterapia, se participa de forma activa, con la implicación del paciente tocando instrumentos, cantando o bailando, o de forma receptiva, sobre todo cuando se utiliza para la relajación. Algunas de las maneras en las que se trabaja la musicoterapia pueden incluir los siguientes aspectos:
- La escucha activa de música o recursos auditivos.
- Improvisación. Haciendo uso de instrumentos o de la voz del paciente para crear música.
- Recreación. Cuando se interpreta una pieza musical, de memoria o leyendo la letra o partitura.
- Composición. El paciente toca una pieza musical que ya existe o crea una nueva.
Todas estas metodologías de trabajo, permiten que se produzcan cambios en los pacientes. Aunque lo pueda parecer, no se trata de enseñar música, si no de aprender sobre uno mismo.
Las sesiones de musicoterapia se adaptan totalmente a cada persona. En función de sus gustos, nivel musical o los problemas que le lleven a la terapia. Como sucede con cualquier tipo de terapia, se puede realizar de forma individualizada o grupal, teniendo en cuenta las necesidades de cada persona.
A la hora de realizar la terapia con música, resulta indispensable y de gran importancia, la figura del musicoterapeuta, el profesional que tiene que conocer el diagnóstico clínico del paciente y sus gustos musicales. De manera que pueda ayudar a que el paciente, saque de dentro toda la creatividad posible, su fuerza y su positividad.
Por lo tanto, para ser musicoterapeuta, hay que tener conocimientos en psicología, educación o medicina, además de formación musical.
La música tiene un impacto directo en diferentes áreas del cerebro. Al escuchar música, se activan las regiones cerebrales como el lóbulo frontal, responsable de tomar las decisiones y controlar las emociones; el hipocampo, relacionado con la memoria; y el sistema límbico que regula las emociones. Por otro lado, la música, tiene la capacidad de hacer que se liberen neurotransmisores como la dopamina o la serotonina, encargadas de proporcionar sensación de bienestar. De manera que, la musicoterapia, utiliza estas conexiones que se establecen entre la música y el cerebro, para mejorar la salud física y mental de los pacientes que optan por ella.
Beneficios a todos los niveles
Este tipo de terapia, resulta de los más beneficioso a muchos niveles. En lo relativo a la salud mental, la musicoterapia, ayuda en la reducción del estrés y la ansiedad. Tiene la capacidad de calmar el sistema nervioso y reducir los niveles de cortisol, la hormona responsable del estrés. En el transcurso de una sesión de musicoterapia, los pacientes experimentan una relajación profunda cuando escuchan melodías suaves o participan en actividades musicales. Se trata de una técnica muy utilizada en pacientes con enfermedades de gravedad o se encuentran en fase de rehabilitación. Les ayuda a gestionar el estrés y reducir la ansiedad.
También supone una mejora en el estado de ánimo. La música puede cambiar el estado de animo de una persona en minutos. Dentro del contexto terapéutico, supone una herramienta de gran utilidad, sobre todo en pacientes con trastornos del estado de ánimo, como la depresión. Con la exposición a diferentes tipos de música o la creación de melodías propias, los pacientes pueden experimentar cambios positivos, lo que favorece su bienestar emocional.
Al ayudar a producir dopamina, relacionada con la felicidad y el placer, la musicoterapia, es muy positiva en pacientes con depresión. La música actúa como catalizador, permitiendo que el paciente reconecte con sus emociones positivas. Sin olvidar que la musicoterapia, facilita la expresión de las emociones. Aquellos pacientes con dificultades para verbalizar lo que sienten, encuentran en la terapia musical, una vía de expresión alternativa.
Pasamos ahora a los beneficios que la musicoterapia aporta a nivel físico, siendo una de sus aplicaciones más interesantes, la capacidad que posee para reducir el dolor. Escuchando melodías relajantes y con la distracción sensorial que produce, los pacientes pueden experimentar alivio del dolor sin aumentar la cantidad de analgésicos. Esta técnica se utiliza de forma particular en pacientes que sufren dolor crónico, o se encuentran en recuperación de una operación.
Dentro del ámbito de la rehabilitación física, la musicoterapia es muy utilizada a la hora de mejorar la capacidad motora y de movimiento. Al combinarse con los ejercicios de fisioterapia, puede ayudar a los pacientes a mantener el ritmo de los movimientos, favoreciendo la recuperación. Además de proporcionar una motivación adicional a los pacientes con sesiones de rehabilitación más largas.
El impacto directo que tiene sobre la coordinación y el equilibrio, también debe tenerse en cuenta. En el caso de pacientes que han pasado por un accidente cerebrovascular o un traumatismo craneal, se benefician de la musicoterapia para recuperar sus habilidades motoras. La música rítmica y las actividades de movimiento sincronizado, ayudan a que se restablezca la conexión entre cerebro y cuerpo.
Por si no fuera suficiente, los últimos estudios realizados, demuestran que la musicoterapia, fortalece el sistema inmune. Escuchar música o participar en actividades musicales, aumenta la producción de anticuerpos y reduce los niveles de estrés, lo que fortalece las defensas del organismo. Este aspecto resulta muy positivo para aquellos pacientes que pasan por un tratamiento largo y agresivo o sufren enfermedades inmunodepresoras.
A parte de todos estos beneficios, a nivel físico y mental, la musicoterapia, resulta muy beneficiosa en algunos aspectos relacionados con el desarrollo cognitivo. Mejora la memoria y la concentración, siendo una herramienta muy valiosa a la hora de estimular las funciones cognitivas, sobre todo en personas mayores o que padecen alguna enfermedad neurodegenerativa. La música activa, como ya hemos comentado, algunas zonas específicas del cerebro, en este caso, relacionadas con la memoria y la atención.
La creación musical, junto a la improvisación, fomenta la creatividad y flexibilidad cognitiva. Este tipo de actividades, son terapéuticas y proporcionan una vía a través de la cual, los pacientes, pueden explorar nuevas formas de pensar y solucionar sus problemas. Siendo especialmente útil en niños.
Por último, destacar que permite desarrollar habilidades sociales. En los entornos grupales, la musicoterapia, fomenta la interacción social y el desarrollo de las habilidades interpersonales. Participar en actividades relacionadas con la música y hacerlo de forma grupal, posibilita que los pacientes, aprendan a colaborar, escuchar de forma activa y comunicarse de forma eficaz. En el caso de los pacientes con autismo o dificultades a la hora de socializar, la musicoterapia, supone un entorno seguro y estructurado, dentro del cual, pueden desarrollar las habilidades necesarias para su integración.
En resumen, la música es terapia. No importa si forma parte de una sesión de musicoterapia y una sesión particular. Siempre viene bien para seguir adelante.

