Emprender en España implica, además de una planificación económica, ilusión y riesgo

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Emprender en nuestro país es una decisión que combina ilusión, riesgo y una planificación económica cuidadosa. Aunque el espíritu emprendedor ha crecido en los últimos años, iniciar un negocio sigue implicando una serie de costes que conviene analizar con detalle para evitar sorpresas y asegurar la viabilidad del proyecto. Estos costes varían en función del tipo de actividad, la forma jurídica elegida y el sector, pero existen una serie de gastos comunes que afectan a la mayoría de quienes deciden poner en marcha una empresa o trabajar por cuenta propia.

Uno de los primeros costes a los que se enfrenta el emprendedor es el relacionado con la constitución del negocio. En el caso de los autónomos, el proceso es más sencillo y económico, aunque implica asumir responsabilidades personales frente a posibles deudas. Para las sociedades, especialmente las sociedades limitadas, hay que considerar gastos notariales, inscripción en el registro mercantil y, aunque el capital social mínimo es relativamente bajo, supone igualmente una inversión inicial que debe inmovilizarse al comienzo. A esto se suman los costes de asesoría legal y contable, muy habituales para garantizar que los trámites se realicen correctamente desde el inicio.

Una vez constituido el negocio, aparecen los gastos recurrentes que condicionan la estabilidad financiera. Las cotizaciones a la Seguridad Social son uno de los desembolsos más relevantes, tanto para autónomos como para empresas con trabajadores. Aunque existen tarifas reducidas en los primeros meses de actividad, estas bonificaciones son temporales y deben contemplarse dentro de una planificación a medio plazo. Los impuestos, como el IVA o el impuesto sobre sociedades, también requieren una gestión constante y una previsión adecuada para evitar tensiones de tesorería.

El espacio físico y los medios de trabajo representan otro bloque importante de costes. Alquilar o comprar un local, una oficina o un espacio de coworking supone un gasto fijo que varía mucho según la ubicación y el tamaño. A ello se añaden suministros como electricidad, agua, internet y seguros, además de la inversión en mobiliario, maquinaria o tecnología necesaria para desarrollar la actividad. En negocios digitales, aunque el espacio físico pueda ser menor, los costes se trasladan a software, plataformas online, marketing digital y ciberseguridad.

También es fundamental considerar los gastos asociados a la adaptación del negocio a la normativa vigente. En muchos sectores se requieren inversiones en prevención de riesgos laborales, protección de datos, accesibilidad o seguridad e higiene. Estas obligaciones, aunque necesarias, suponen un esfuerzo económico adicional que a menudo se subestima en las fases iniciales del emprendimiento.

Hacia la parte final del proceso de puesta en marcha, y especialmente en negocios con atención al público o con un local abierto, los ingenieros de Prada Ingenieros nos recuerdan algo sumamente importante y es que es en este punto donde entran en juego trámites administrativos específicos como las licencias de apertura, que garantizan que el establecimiento cumple con las condiciones técnicas, urbanísticas y de seguridad exigidas por la administración. Estos permisos implican costes variables, tanto por las tasas municipales como por los informes técnicos necesarios, y deben tenerse en cuenta dentro del presupuesto inicial para evitar retrasos en el inicio de la actividad.

De media, ¿cuánto dinero se necesita para emprender en España?

No existe una cifra única y exacta sobre cuánto dinero se necesita de media para emprender en España, porque depende muchísimo del tipo de negocio, la forma jurídica elegida (autónomo o sociedad) y de la escala del proyecto. Sin embargo, sí hay rangos aproximados que sirven de referencia para hacerse una idea general de la inversión inicial que suele ser necesaria.

Si se opta por emprender como autónomo, es posible comenzar con una inversión relativamente baja en términos administrativos. Los costes directos de alta y formalización pueden estar en cifras modestas si se hace uno mismo, aunque muchos recomiendan contar con asesoría profesional. Algunos análisis indican que los gastos de constitución para un autónomo pueden ir desde unos pocos cientos de euros hasta alrededor de 1.400 € cuando se incluyen gestiones, certificados digitales y trámites básicos, excluyendo gastos de local o equipamiento específico para la actividad.

En cambio, si se decide crear una sociedad de responsabilidad limitada (S.L.), los costes iniciales suelen ser más elevados. Para constituir formalmente una S.L. hay que considerar honorarios notariales, tasas de registro mercantil y los costes asociados a servicios profesionales que suelen sumar más: notaría y registro pueden suponer varios cientos de euros, mientras que los servicios de gestoría o asesoría para la creación legal rondan entre 800 € y 2.000 € o más, dependiendo del nivel de ayuda que se necesite. Además, aunque el capital social mínimo legal para una S.L. puede ser simbólico o bajo, tradicionalmente se deposita alrededor de 3.000 € como capital, lo que también forma parte de la inversión inicial en muchos casos.

Más allá de los costes propios de la constitución legal, hay otros gastos esenciales que influyen en el total necesario para emprender. El alquiler de un local, la compra de equipamiento y tecnología, la adecuación del espacio de trabajo o tienda y la inversión en marketing y presencia online son partidas que pueden variar radicalmente según el sector y la ubicación. Por ejemplo, abrir un local comercial en una gran ciudad puede requerir presupuestos que van desde decenas de miles hasta más de 50.000 € si hay que hacer reformas, acondicionar el espacio y contar con stock inicial suficiente. Por otro lado, negocios de servicios o digitales pueden arrancar con inversiones menores si gran parte del trabajo se realiza desde un espacio ya disponible y la necesidad de infraestructura física es reducida.

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