Bichectomía: el cambio que me ayudó a reconstruirme por dentro y por fuera tras una separación

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Os cuento, pero sobre todo abro mi corazón. Me presento, soy María y nunca pensé que una separación pudiera convertirse en el punto de partida de algo tan cambiante para mi vida. Cuando terminó mi relación después de 30 años, y eso ya os digo que es mucho tiempo, sentí que no solo se rompía una historia de amor que comenzó con 20 añitos, sino también una versión de mí misma en la que ya no me reconocía.

Durante meses viví sin ganas, sin ilusión, hasta que un día entendí que no se trataba solo de pasar página, sino de escribir un capítulo nuevo. Ya veis que me gusta escribir un poco en metáfora, espero que se me permita la licencia Es lo que tiene escribirse canciones de amor una misma durante años, casi como la canción del 9 de noviembre. Y decidí empezar por mí.

Ese cambio no fue únicamente emocional. Fue interior, pero también exterior. Necesitaba mirarme al espejo y sentir que la mujer que veía reflejada estaba alineada con la que quería ser. Siempre había tenido la cara redonda, con mofletes muy marcados, algo que me acompañó desde niña y que durante años acepté como parte de mí, aunque en el fondo me incomodaba.

Tras la separación, esa incomodidad se hizo más evidente. No por una cuestión de vanidad, sino porque sentía que mi rostro no reflejaba la fuerza y la determinación que estaba empezando a construir por dentro.

Investigando sobre tratamientos de estética facial, descubrí la bichectomía. Ahora me gusta mucho lo de buscar cosas por Internet, incluso con la IA, que se trata de una intervención quirúrgica donde te quitan las bolsas de Bichat, unas acumulaciones de grasa situadas en el contorno de las mejillas y en la región media e inferior de la cara. Seguro que nunca habéis oído hablar de ellas, pero si lo buscas en Internet y buscas imágenes lo sacas.

Gracias a esta operación, se consigue un rostro más definido, ya que se elimina el exceso de grasa facial.

No es un tratamiento para todo el mundo: está especialmente indicado para personas con la cara redonda o con muchos mofletes, y no se recomienda en casos de rostros muy alargados, poco relieve en los pómulos o flacidez facial. En cuanto leí eso, supe que yo encajaba perfectamente en el perfil.

Después de comparar opciones, decidí acudir a la clínica Gran Vía 51, en pleno centro de Madrid. Desde la primera consulta sentí algo fundamental en este tipo de cosas, que es la confianza. El equipo me explicó con claridad en qué consistía el tratamiento, cuáles eran los resultados reales que podía esperar y cómo sería todo el proceso. No me prometieron milagros, sino armonía y naturalidad. Y eso fue justo lo que me convenció.

La bichectomía se realiza mediante una pequeña incisión dentro de la boca, bajo anestesia local, por lo que no quedan cicatrices externas. Saber que no habría marcas visibles me tranquilizó mucho. La intervención fue sencilla y rápida. Apenas sentí molestias y, en menos de 24 horas, ya estaba en casa. Seguí al pie de la letra las indicaciones médicas: dieta blanda los primeros días, evitar esfuerzos y cuidar la higiene bucal. El postoperatorio fue mucho más llevadero de lo que había imaginado, y en pocos días pude retomar mi rutina diaria.

Al principio, el cambio no era evidente. Había inflamación y era necesario tener paciencia. Me explicaron que los resultados definitivos de la bichectomía empiezan a apreciarse a partir del sexto mes, cuando la inflamación desaparece por completo y el músculo se adhiere a la retracción cutánea.

Y así fue. Poco a poco, mi cara comenzó a afinarse, algo así como lo que se hacen los famosos, mis facciones se veían más definidas y mis pómulos adquirieron un protagonismo natural que nunca antes había tenido.

Pero lo más importante no fue lo que veía por fuera que también era vital, era lo que sentía por dentro, que eso no es comparable a nada. La bichectomía no solo me vino bien estéticamente, sino también a nivel psicológico. Al resolver una inseguridad que llevaba años arrastrando, mi autoestima dio un giro inesperado. Empecé a sentirme más segura en todos los aspectos de mi vida.

Hoy entiendo que, a veces, no necesitamos grandes cambios para transformar nuestra vida. Basta con pequeños gestos conscientes que nos ayuden a reconciliarnos con nuestro reflejo. Para mí, la bichectomía en esta clínica madrileña fue uno de esos gestos.

Un tratamiento que me ayudó a cerrar una etapa, a sanar por dentro y a verme mejor por fuera. Porque cuando te gustas, cuando te reconoces, todo empieza a fluir de otra manera. Y ese, sin duda, fue el mejor regalo que me hice después de decir adiós.

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